El Hada

9 10 2007

Con la cabeza hecha un nudo se alejaba Ramón con Luisita entre brazos.
—¿Como hace una pequeña niña para meterse en tantos líos?
—¡Yo no hice nada!… Toñito dijo que jugaramos a las hadas… ¡Yo no hice nada! – lloraba y gemía

Sin sentir el peso de la niña Ramón avanzaba con paso firme hacia la casa, donde dejaría a Luisita para regresar e intentar bajar a Toñito el hermano mayor de Luisita y quien padecía de un retraso mental a causa de las drogas y el alcohol que ingirió Rosario, la madre de los niños y hermana de Ramón.
—Sé que no lo entiendes aún por que eres pequeña Luisita – decía Ramón a la pequeña con dulzura – pero si sigues jugando así con Toñito algo podría pasar, algo malo y perderías a tu hermano para siempre ¿lo entiendes?
—Sí.. ¡pero yo no hice nada! – y volvió a llorar convenciendo a Ramón de su inocencia.

Ramón se dió prisa para bajar a Toñito, no se explicaba como fue que llegó hasta ahi arriba, levantó la escalera para comenzar la maniobra mientras le decía al Toñito colgante con su drisfraz de hada verde…
—No te preocupes Toñito, ya voy a bajarte, no temas todo va ha estar bien

Al llegar al último peldaño pude ver que la soga estaba atada a su cintura, a sus manos, a su cuello… y los ojos abiertos con expresión de terror, la boca cubierta con cinta y el color de esa piel casi negra…
—¿Pero como había sido?, ¿que había pasado?… ¿sería acaso que Luisita? No, no puede ser, es tan solo una pequeña niña y tan linda y tan dulce…

Seguía Ramón tratando de entender mientras la pequeña Luisita de pie en la entrada de la casa con la cara bañada por el llanto y las manitas entrelazadas los observaba dibujando algo en sus labios que pudiera ser una sonrisa y un brillo en los ojos que si nadie la conociera pensaría que era malicia.



Chiste de Martes

9 10 2007

:Mientras paseaba por el inmenso parque, un hombre vio a otro que estaba abrazado a un árbol, con una oreja ajustada fuertemente contra el tronco.   Viendo esto, el hombre preguntó:

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    • Sólo por curiosidad, ¿qué estás haciendo?’
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    • Estoy escuchando la música del árbol

Respondió el otro.

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    • Vamos, vamos. Tienes que estar bromeando
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    • Por supuesto que no. ¿Quieres escuchar?’

No pudiendo más con su curiosidad, el paseante dice:

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    • Está bien…

Así que colocó sus brazos alrededor del tronco y acercó su oreja. Con esto, el otro le colocó un par de esposas, le quitó la billetera, sus anillos, su reloj, las llaves del auto y luego le quitó toda la ropa y se fue corriendo.

Dos horas después, otro caminante pasó cerca, vio al hombre desnudo, esposado al árbol, y le preguntó:

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    • ¿Qué te pasó?

El hombre le contó la terrible historia de cómo y porqué se encontraba allí.

Cuando terminó de contarle lo sucedido, el otro movió la cabeza en señal de comprensión, caminó hasta quedar detrás de él, lo besó suavemente en la oreja y le dijo:

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    • De veras que este no es tu día, amorcito…